Publicado en Yo, mi y mio

Mis venganzas.

Me he vengado 2 veces en la vida y en este momento estoy planificando mi tercera venganza, pero antes de hablarles de lo que estoy planeando los pondré en antecedentes:

Primera venganza:
Estaba cursando 6to semestre de Psicología y salía con D. Él no era demasiado guapo pero era muy inteligente y me hacía reír un montón, hasta que mi amiga K, me invitó a tomar un café y me confrontó: “ese tipo te está poniendo los cuernos con media UCV”, a decir verdad ya lo intuía pero una cosa es sospecharlo y otra muy distinta es tener la certeza. Salí de esa conversación y me dediqué a pensar en qué hacer para lavar la afrenta y un buen día lo supe: fui al super compré 2 kilos de azúcar montalban y me fui a su casa armada con un embudo, me bajé de mi carro y tomándome todo el tiempo del mundo para disfrutar mi desagravio, abrí la entrada del tanque de gasolina de su carro y muy despacito fui vaciando los dos kilos completos.

En algún momento (supongo que días después, la verdad no me acuerdo). D. me llamó histérico, acusándome de haber sido quien dañó el motor de su carro, le contesté muy calmada: qué coño te has creido?, tú tienes un peo de egocentrismo, no toleras que una mujer te deje porque inmediatamente piensas que te dañó el carro, yo soy una mujer madura. respétame! y respétate!. Aún años después cuando hemos coincidido en algún lugar, inexorablemente en alguna parte de la conversación siempre me pregunta: fuiste tú, verdad?. y yo siempre respondo: vas a seguir?, tu como que te quedaste pegado y no me has superado!.

Segunda Venganza:
Estaba en 9no. o 10mo. semestre y me encantaba el libro de Tallaferro que la profesora nos había mandado a leer, así que en la clase siguiente levanté la mano varias veces porque quería contestar todas las preguntas que ella hacía, labor que era facilitada por el hecho de que ninguno de mis compañeros había leído. Para mi sorpresa, la Profesora Josefina Rogatis me acusó delante de todo el salón de querer llamar la atención. En ese momento la odié y desde entonces y hasta que terminó el semestre, la “guerra fría” tuvo lugar (yo enmudecía selectivamente cada vez que entraba a su clase). Me apasionaban los textos que ella nos daba a leer pero jamás volví a participar. En una ocasión posterior, ella preguntó sobre otra lectura y nadie respondió. Fue la primera y última vez que acudió a mí en busca de auxilio: repitió la pregunta pero estaba vez mirándome como esperando que yo respondiera. La miré y sonreí con cara de sobrada mientras pensaba: “jódete, CDTM, bien hecho!”, y empecé a dibujar corazones en mi cuaderno. Tuvieron que pasar 20 años y estar en sus zapatos de profesora para poder sentir algo de compasión y pensar: ella se equivocó, pero yo me pasé un kilo y medio.

La tercera venganza (la que estoy planificando).
Estaba corrigiendo un par de MMPI-2 para unos perfiles de personalidad que debo entregar mañana, cuando de pronto sentí un antojo inmenso de comer algo dulce y cuando pude ponerle nombre a ese deseo, resulto llamarse: arepita dulce.

Jamás había preparado una y no tenía papelón, es cierto!, pero estaba segura de que en casa había harina de maíz, azúcar y anís dulce, estaba segura de que me saldría bien!, qué tan difícil podía ser preparar una arepita dulce?

Seguí al pie de la letra las instrucciones que conseguí en internet, durante la preparación probé la masa y consideré que me había quedado de excelente sabor, aunque me pareció que estaba muy líquida, bueno a lo mejor así era como debía quedar…

20 minutos después, emocionada, saqué las arepitas del aceite caliente y las puse sobre papel absorbente. Nico y mi mamá aparecieron en el quicio de la puerta de la cocina. Yo, orgullosa, les di a probar de mi creación…

mi mamá: “hija!, me gustaría comérmela pero ya sabes que no puedo masticar cosas duras porque me molestan las encías” (desapareció rauda y veloz).

Nico: “mi hermana Ana es experta en arepitas dulces y a ella no le quedan así, le quedan redonditas” (todo eso lo decía mientras tomaba un cuchillo y asesinaba a la arepita dulce como si estuviera escarbando en el interior de un pescado para sacar las tripas)

yo (pensaba): quizás a mis arepitas les falte algo de circunferencia pero igual me parece que quedaron simpáticas.

Nico: “estas arepitas parecen estar crudas por dentro y tostadas por fuera, a Ana le quedan parejas” (vas a seguir, Abigail?)

Yo: “las arepitas de Ana son las arepitas de Ana y las mías son las mías” (Digo en voz alta y ya un poco molesta):

Nico: creo que te equivocaste en la proporción de los ingredientes (pero este tipo va a seguir?, no ve la cara que le estoy poniendo?, no sabe leer el lenguaje corporal?).

Yo: a mí me gustan ASI!!!!!. (bien bueno pues!, ahora habló el chef, si tu nunca has hecho una arepita dulce!, le di la espalda y empecé a comerme mi arepita)

Nico salió raudo y veloz de la cocina (creo que por fin entendió que su vida corría peligro).

Ahora en el plato hay 8 mini arepitas dulces que nadie se quiere comer.

Planificación de la venganza:
Esta gente, (todos los que viven aquí), no me conocen!, no saben de lo que soy capaz!, en su vida volverán a probar una arepita dulce hecha por mis manos, voy a dedicarme a investigar y a perfeccionar LA RECETA y cuando la haya perfeccionado voy a prepararlas y a dejarlas doraditas y esponjadas sobre el plato y me las voy a comer despacito en SU CARA, como quien no quiere la cosa, como si me fueran indiferentes, como si en el mundo solo existiéramos la arepita y yo, ah! y a mí que no me pidan, coño!, seguramente en ese momento a nadie le molestarán las encías u otras cosas por el estilo, ya verán!, pero primero tengo que esperar porque la venganza es un plato que se come frío.

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